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La investigación en historia del arte


Crucifixion del Parlamento de Toulouse,
detalle, tras restauración.

Foto : Daniel Martin.
La Crucifixión del Parlamento de Toulouse es reveladora del carácter heterogéneo de la pintura tolosana y/o languedociana que proviene de varias corrientes de origen mediterráneo que se manifiestan en la región Meridional de Francia. Si es verdad que atestigua sin duda de la introducción progresiva de las innovaciones pictóricas, especialmente de origen flamenco, permanece fiel a las convenciones iconográficas propiamente regionales, bañadas de arcaísmos, que mantienen un carácter gótico en la pintura languedociana. Testimonio casi único de la pintura de caballete en Toulouse, la obra estudiada constituye un jalón geográfico y cultural sustancial de la segunda mitad del siglo XV que ilustra perfectamente este periodo de transición marcado por la eclosión de un foco artístico vivo, condición indispensable al advenimiento del Renacimiento en Languedoc.

El análisis iconográfico revela una composición de una gran sencillez, que sigue la representación tradicional de la Crucifixión en presencia de la Virgen y de san Juan. La identidad de los donantes reales ha planteado durante mucho tiempo un problema, y eso que es esencial si se quiere percibir las circunstancias de la creación de esta obra insigne.

Por fin, el estudio estilístico, complejo, muestra una red de influencias provenzales, españolas o nórdicas en la cual, desgraciadamente, ha sido imposible discernir una personalidad precisa. La comparación con obras contemporáneas conocidas, como la vidriera de la capilla San Luís de la catedral de Toulouse, o la Crucifixión pintada para el Parlamento de París, revela ciertos lazos, tanto en el plano de la iconografía que como del estilo, entre estas dos obras y el autor anónimo de la Crucifixión de Toulouse.