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La restauración de obras de arte: recuerdo histórico


Detalle de la fotografía infrarrojo de
la Crucifixión.

(C2RMF)


Corte estratigráfico realizado en el
C2RMF por Sandrine Pagès-Camagna.

Toma efectuada sobre la moldura superior
de la base.
 
Hasta el siglo XIX, solo se puede hablar de reparaciones, arreglos o retoques según el estilo de la época, sin especialistas, que son a menudo practicados por artistas, sin reflexión colectiva ni marco institucional. La restauración como disciplina autónoma emerge verdaderamente en el siglo XIX aunque su práctica ya sea mencionada en la Antigüedad : los historiadores Plino el Viejo y Vitrubio ya relatan transportes de frescos.

En la Edad Media y en siglo XVI, las obras religiosas, objetos de culto, son « restauradas » con una finalidad utilitaria o conforme con nuevas prescripciones religiosas: de esta manera, los desnudos de los frescos de la capilla Sixtina pintadas por Miguel-Ángel fueron cubiertos durante la época de la Contra-Reforma católica. Del siglo XVI al siglo XVIII, las intervenciones son realizadas de manera ocasional: escultores como Miguel-Ángel, Le Bernin o Thorvaldsen han trabajado sobre esculturas antiguas.

El concepto moderno de restauración aparece en el siglo XIX paralelamente a la concienciación del patrimonio histórico, amenazado por el episodio del vandalismo revolucionario. Pero es necesario esperar los años 1950 e importantes avances técnicos en el siglo XX, para que el saber-hacer técnico y artístico se acompañe de una verdadera dimensión científica.

Solamente a partir de los años 1980, la aplicación de procesos científicos se acompaña de verdaderas reflexiones: la restauración devénguese ha convertido en una obra colectiva que reúne en un diálogo común a restauradores y conservadores, científicos (físicos, químicos, biólogos), historiadores de arte y arqueólogos.